jueves, 24 de marzo de 2011

La cocina primaveral en el horno escolástico de microondas del fondo cósmico (Parte 2)

Irene Paz abajo y arriba. Composición del Autor. Caracas. 2011.


Esfuerzos, superesfuerzos y poderes ocultos. A los humanos de este planeta les resulta todavía un enigma discernir, captar, atajar, cotejar, comprender y sacarle provecho a las millones de neuronas en el cerebro y el consabido fin y utilidad de la excelencia y la perfección no se consideran aún claves, capitales, y requisitos fundamentales para el bienestar y el desarrollo del potencial humano sino en contadas oportunidades por grupos selectos y muy educados porque da la impresión que no se supiera bien aún porqué estas cualidades éticas, fenoménicas y prácticas –me refiero a los esfuerzos y superesfuerzos- benefician al colectivo humano a corto, mediano y largo plazo. Por ejemplo, a los políticos y gobernantes no se les enseña a meditar, concentrarse, organizarse y ejercitarse; no les dan clases de oratoria, lenguaje, lectura veloz, idiomas, lenguas muertas, literatura, protocolo, estilo, refinamiento, administración, gerencia, medicina, artes marciales, matemáticas, química, biología, botánica, física, fisiología o anatomía, filosofía, etc. No se les enseña a hacer mucho y decir poco. A resumir y subrayar. A capitalizar. Creemos que mandar y administrar en el campo político es cosa de vivos, pícaros y chantajistas profesionales. Es todo tan superficial y frívolo, tan pacato y poco staccato. No se va al grano, ni en letra ni en espíritu, y pareciera que se piensa que los dos hemisferios o lóbulos del cerebro no deben estudiarse y entenderse, incluso en Kindergarten, con láminas, audiovisuales y arte dramático (creo mucho en eso de que hay que actuar y representar ideas, funciones, estilos). No le damos importancia al ser humano, al ente que somos, al ser en nuestro interior, en dos palabras, porque nos da flojera, nos aburre tener que pensar, meditar, adentrarnos, buscar, conseguir, explorar y ensayar. Somos indolentes y abúlicos porque nos conformamos al poco rato y NO vamos tras la excelencia y la perfección, tras la obra maestra que pudiéramos ser. ¿El resultado? Somos una civilización enferma, débil, floja, diría que decrépita y poco dada al ejercicio y la dinámica en todos los sentidos de la palabra porque no nos dan ideales y máximas que alcanzar o entonces el gusto por la superación se practica en contados sustratos y núcleos sociales que pasan desapercibidos. ¿Y qué de los superesfuerzos, como dice la Escuela del Cuarto Camino que popularizaron Gurdjieff y Ouspenski? ¡Pues éstos se rechazan y descartan lo más posible porque no se entiende bien para qué sirven, para qué tanta molestia! Da la impresión que aún seguimos siendo australopitecos, simios, reptiles o anfibios, quizás peces e insectos o microorganismos, pero sin la organización que despliegan las hormigas y las abejas, o quizás, a pesar de las neuronas y la herencia divina atemporal, nos cuesta una enormidad asumir nuestra condición humana que al fin y al cabo es un experimento de laboratorio y de campo donde todavía están por verse los resultados.


Entonces vuelvo a preguntar, ¿para qué hacer esfuerzos y superesfuerzos, para qué sudar a cántaros y repasar una y otra vez el mismo texto, la misma cosa, para qué pulir tanto el acero? Pues para crear y generar nuevos medios, herramientas, posibilidades y estímulos y sacarlos de las reservas de capitales cósmicos depositados en los bancos astrales de la Noósferas planetarias diseminadas a lo largo y ancho de los Universos con el objeto práctico y loable de usarlos al servicio de Causas Comunes y Humanísticas en el Cosmos. Me estoy refiriendo a la Acción Mitocondrial de Eva de las Galaxias, parte de un Plan crístico, estratégico, inteligente, que en un escrito, El Árbol de 3 Raíces y 10 Copas, nombré como el Salvador Plan Kadosh #1.481. Esa es la razón ulterior de los superesfuerzos en situaciones críticas o intensas. En los períodos críticos, en las fases urgentes y cargadas, saturadas de emoción, entusiasmo, excitación, efusión, efervescencia, fiebre y crisis (por ejemplo, los plenilunios y novilunios son fases críticas del ciclo lunar cuando ocurren sucesos determinantes y subidos en voltaje) el aire se puebla de ingentes cantidades de energía y masa crítica, sutil, supersensible, natural, paranormal, poderosa, tan poderosa, prendida y resaltante como la energía y luz incandescente de diez mil estrellas de primera magnitud y un montón de nebulosas de canto al unísono. Es así cómo en esencia se fabrican milagros y prodigios o hechos y personas fuera de lo común, porque hay grandes urgencias emocionales para que en el medio ambiente algo bueno y extraordinario suceda, se cristalice, opere una metamorfosis, una conversión de metales impuros o bajos en puros y altos o de metales que permanecían en letargo y estaban como aprisionados, reprimidos, en espera y suspenso y súbitamente explotan y se diseminan. Toda esta gama de probabilidades pertenece al Efecto Dumuzi-Sibelius o Efecto Tammuz-Nun que como dejé entrever en escritos -Mis Confesiones en Ypacaraí y Extractos de Mis Confesiones en Ypacaraí (Parte 2)- cristaliza y unta o cristifica ondas, energías y vibraciones. Este Efecto trabaja con los çakrās más elevados -entrecejo y parte superior o prominente de la cabeza-, las cuerdas vocales y el corazón. Nada se hace en profundidad sin esta alianza entre el Sol del corazón y los Urano-Neptuno-Plutón-Baco-Nibiru del cerebro. Como anillos de Borromeo los centros de poder involucrados se entrecruzan y refuerzan entre sí para crear chispas y sonidos portentosos. Ahora, debo aclarar este punto. Eso de la masa crítica no tiene nada que ver con moralidad o subjetividades. Son pura y simplemente efectos cuantitativos y cualitativos de los elementos. Cuando un conflicto bélico o una guerra se declara, un lío o escándalo se descubre y estalla, ello es una consecuencia de energías en pugna y tapadas por una razón u otra que repentinamente se manifiestan abiertamente y cogen su curso como minibombas atómicas. En esos momentos dcruciales o de crisis se liberan en el aire energías, fuerzas, vibraciones capaces de hacer daño o causar placer y ganancia. Es cuestión de movilizaciones de energías, algunas positivas, otras negativas, que se mezclan y es difícil controlarlas. Cuando por razones emotivas, sensoriales o psíquicas ocurren estos cambios súbitos de energía se dan mutaciones cromáticas, parpadeos lilas y cadmios, figuras etéreas que varían rápidamente, franjas y masas danzantes de color, temblores, espasmos, chispazos, estallidos, acordes, sonidos fuertes, altos, picados, tronantes, expansivos, melodiosos, oscilantes, casi interminables, como rāgas hindúes, que afectan halos y auras de personas y auras de cuerpos celestes. Creo que ciertos árboles grandes y frondosos cerca de sitios donde se producen potentes fluidos energéticos aumentan el vigor y la edad, equilibran el bioelectromagnetismo, agudizan los valores cerebrales y psíquicos (ondas delta, theta, alpha, beta).


Las superenergías son desconocidas en la Tierra. Mas en un futuro no tan distante se conocerán tras orientarnos y repolarizarnos electromagnética y geográficamente. En otros mundos celestes el proceso de encarnar o reencarnar es rápido y corto. Al tratarse de casos superenergéticos el lapso de desarrollo y maduración es casi instantáneo. Cuando una criatura, que es un ser especial, va a nacer o renacer y sus padres lo fueron también el tiempo de crecimiento es breve, cosa de horas. La criatura bebé es puesta bajo una cúpula, en un huevo-cápsula, irradiada y alimentada fotónica y psiónicamente con un alimento muy especial, un vegetal marino verde, microscópico, espectroscópico, fosforescente, llamado Mater Kamaná. Al cabo de muy pocas horas la criatura bebé adquiere todas las cualidades, atributos, especificaciones corporales o atómicas, mentales y espirituales que debe adquirir y poseer. Por medio de una sonda se le transfiere el bagaje cultural que tenía en la vida precedente y algo más para la nueva. Cuando finaliza el proceso de formación e ionización es sacado del huevo-cápsula y procede con su nueva vida social. Los seres superenergéticos, hechos con superesfuerzos, son la promesa de que un día ese mismo tipo de modulación y frecuencia podrá implementarse en la Tierra. De modo que lo que los maestros y las maestras en la Tierra han estado haciendo a lo largo de milenios es preparando la vía para que ahora, en la Era Moderna, se le dé la posibilidad a muchos millones de humanos vivos de subir de plano y de vibración resonante para que la frecuencia de su resonancia deje el «subsuelo» y pase a la «cumbre». Por eso, tenemos ahora tantos miles de millones de habitantes. La sobrepoblación, tan difícil de controlar, satisfacer, mantener, a la merced de tantos desvaríos políticos, económicos y sociales por supuesto, amén de los desajustes y embates climáticos, geográficos y geofísicos, tiene su razón de ser, misión, desafío y lío. Tantas almas encarnadas en tan poco tiempo ocasiona ciertamente un dolor de cabeza; sin embargo, así como tantos están teniendo la oportunidad de encarnar, penar y pulirse, tantos otros están desencarnando y van a seguir desencarnando por razones que sólo Dios sabe.


La Paz de Irene. Un signo muy especial. Retrata el viaje a la Tierra, a los abismos sulfurosos o a las profundidades del Averno. Al invertirse se modifica por completo la figura y el significado original, con sus brazos en alto parece alzarse, abrazar el mundo, devenir un supersigno de Paz y Comunión (volteo de Irene en las Fuentes Wizardry Text y Star*), similar a la runa Algiz o Elhaz, una de mis runas favoritas, que uso mucho en mis obras. Ergo, para ascender, subir de grado, evolucionar, hay que pasar antes por abismos, barrancos, cavidades y huecos: ellos son fases del camino serpentíneo de la autorrealización y la superación. Para que el renovador valor crístico del signo de la Paz cunda hay que bajar a los Infiernos, exorcisar los demonios, luego subir a los Cielos. Eso hizo Jesús. No es posible, en vista de nuestras leyes-energías bipolares, cosmográficas y cosmológicas, cosmogónicas y fisiológicas también, conocer sólo alturas, cimas y picos, sin conocer igualmente bajos, oscuridades y encierros, días y noches. Generalmente un maestro y una maestra son seres que han visto de todo, no condenan ni estigmatizan nada, son bastante tolerantes, comprensivos y ecuánimes. Saben que para que una semilla, que estuvo un tiempo metida herméticamente en la capa negra del suelo, brote, emerja, salga a la superficie al encuentro del sol, el agua, a besar los elementos, debe pacientar, acumular y acopiarse. Los signos nos hablan siempre de dos corrientes y vías, dos estados opuestos que se complementan y balancean ya que la vida es una fusión de lo alto con lo bajo, de lo superior con lo inferior, de lo claro con lo oscuro, ad infinitum. Incluso la propulsión de las naves interestelares, que se mueven a velocidades fantásticas e increíbles, considera la polarización de las fuerzas y los rayos cósmicos. Con gracia sutil se merge y hace una con la Ley y la Rapidez Ipso facto. He seguido esta norma. En 1962-1963 ideé un signo «neptuniano», «triuno», «orgásmico», que luego descubriría era el de la runa Algiz (alce, ciervo), en alemán antiguo, o Eolh, Iwaz, Eow, en inglés antiguo, y la inscribí en una obra. El signo es el producto del entronque o coito entre la energía masculina y la femenina. Una seña erótica que dio pie al signo con que firmo. Al hallar el símbolo para Poseidón sentí gran alegría. Por algo fue.


De la Trinidimensión a la Pentadimensión. Debemos entender que para que dejemos la Tercera Dimensión, pasemos a la Cuarta y sobre todo a la Quinta y de ahí en adelante, ésta última marcará un gran paso en la dirección y finalidad de nuestra evolución como entes pensantes y creativos. Por consiguiente, es necesario que le demos más importancia a todo aquello que puede modificar, acelerar, engrandecer, calificar y enriquecer el patrimonio cultural, anatómico, programático y general, nuestro en particular y el de toda la Humanidad. Debemos pensar en grande. Tenemos que salir de este estado fetal, embrionario y umbilical u onanista en el que hemos vivido millones de años sin darnos cuenta, por ejemplo, que cada vez que ha habido un gran desastre, cataclismo o hecatombe hemos interrumpido nuestra evolución y nos hemos estancado por cuanto fuimos obligados a retroceder y en algunos casos a comenzar de cero y la nada. Ya basta de vahidos, estupores y catatonias. Debemos dejar este pesado, anquilosado, escuálido, enfermizo y mórbido estado de cosas que nos ha aturdido y ensombrecido tanto y tan variadamente permitiendo que lo negativo, fatal, intrascendente e inconsecuente en nuestros pensamientos, emociones, actos y creaciones nos atrape, acorrale, desarticule, desmembre y descabece. Debemos llenarnos de sol y luz incandescente, de mucha vida. Dejemos al pez atrás, sobre todo al que mora en las profundidades, devora y devora y no sale a la superficie, al que le cortamos la cabeza para comernos el resto de su cuerpo olvidando que para criaturas de la luz y el aire no es positivo absorber células tan primitivas, sombrías y predadoras que nos vacían. Tenemos que liberarnos de las cadenas que nos han apretado y torturado demostrándonos falsamente que es una ilusión salir de nuestros cuerpos y volar con nuestras mentes hacia estados de existencia feéricos, nirvánicos, sublimes y extraordinarios. Sólo soñando con todos los sentidos en marcha y dinámicamente despiertos podremos encontrar situaciones que ni siquiera sospechamos que existen y nos están esperando. Para eso será indispensable una reeducación del sistema de creencias y convicciones que nos ha traumatizado y casi inmovilizado periódicamente durante eones en tantas ocasiones que, a mi entender, tras ver cómo se mueven las cosas, comenzó en épocas protohistóricas cuando llegamos a la Tierra a bordo de aerolitos, meteoritos, asteroides y cometas que nos dejaron sus muestras (y sigue pasando). Y, por eso, digo que somos cual hijos meteóricos buscando todavía una luz, un haz, que nos plante y vuelva celestes y cósmicos. Sin embargo, también podemos volvernos inmunes a estos microbios, virus, bacterias, y emplearlos como vacunas, antibióticos, anticuerpos, remedios caseros, drogas homoeopáticas. Es cosa de estrategia científica, estética y filosófica, afirmaciones, decretos, cohesiones y acumulaciones. Habrá que despegar, volar, cruzar y arribar en buenas condiciones físicas y mentales a las alturas del Reino.


Será necesario que nos pongamos de acuerdo para levitar literal y figurativamente. Aprender a alzar vuelo y comunicarse con los pájaros, las nubes, las luces del cielo, las franjas del arcoiris, la centella, el relámpago, el trueno, la lluvia y el rocío de la mañana, la tropósfera, la estratósfera, la mesósfera, la ionósfera, la magnetósfera, la termósfera y la exósfera, los elementos y los espíritus o entidades vibratónicas que nos circundan y sólo perciben quienes tienen abierto su tercer ojo, todo aquello que es elementalmente originario y propio de la Naturaleza y saber con certeza que allí reside un poder colosal que apenas conocemos e imaginamos hoy en el mejor de los casos y fue creado por la mano de Dios y su Diosa para que colaborara con el humano y le sirviera de trampolín y vehículo espacial. Cual San Nicolás y su equipo de renos voladores. Cual relámpago del Catatumbo. Abogo pues porque esta toma de conciencia megasolar y mesiánica llegue pronto a la Tierra y se establezca por muchísimo tiempo.


Yo sé que ese poder fenomenal está allí, se puede y debe tomar y anexar a nuestro patrimonio cultural si en nuestra corazón hubiere más amor, más gratitud, más caridad, más maravilla y radiación, más poder, si estuviéramos más despiertos y despiertas, si captáramos más agudamente el mensaje de los fotones y psiones, los cuantos e infrasones. Ni siquiera puedo formular con palabras lo que veo y oigo: deja esto así, Andrés, está bien, que los demás capten tu idea fenomenal y se cumpla lo que Bedřich Smetana (1824-1884) plasmó en su poema sinfónico Má vlast, su patria de Bohemia, hoy República Checa, que atraviesa el río Moldava. ¡Que pléyade de grandes compositores clásicos nos ha dado esta parte del orbe! ¡Dígame, Antonín Dvořák! Menos mal que la sífilis ya no destruye como antes, como pasó con Smetana y Nietzsche, aunque la OMS cuenta cerca de 12 millones de casos nuevos en todo el mundo, sobre todo en África, Asia y América Latina. La sífilis es para mí una de las bacterias que llegaron con nosotros y nosotras a bordo de las rocas en el descenso por el espacio interestelar. Es una bacteria móvil espiroforme extraterráquea como tantas otras bacterias, parásitos y microbios cruzados y contaminantes que se mutó más acá y es uno de los microorganismos patógenos que debemos erradicar para poder ascender a planos más elevados de cultura y civilización. La sífilis, la gonorrea, el sida, la lepra, la fiebre amarilla, el virus del Ébola, el virus del cólera, de la rabia, la viruela, son parte de nuestro enfermizo cuadro sexual, es decir, cosmogenético y cosmobiológico, que surgió cuando perdimos la inocencia primaria, caímos o más bien nos caímos del Árbol del Paraíso y pasamos a nuestros descendientes el mal de conciencia nigromante en potencia. Pero creo que la degeneración fue también producto de una guerra bacteriológica fomentada adrede y es probable que nuestros antepasados fueron contaminados con bacterias y parásitos para que los terrícolas no pudiéramos levantar cabeza. Los orcos son los responsables de esta modificación genética y orgánica. Es hora de alzarnos, de exorcisar, borrar y reciclar estas memorias nefastas y morbosas que nos han hecho creer que hay que morir indefectiblemente, que la inmortalidad no es alcanzable. Falso de toda falsedad. Es hora que dejemos atrás esta atroz y enfermiza historia y nos curemos ya. Sería un segmento importante de la sanación por el Efecto 2012. ¿Cómo? Mediante la educación, la instrucción y la religión bien entendidas. O sea, por medio de la magia (sin la superchería e ilusión características de nuestros pueblos primitivos como modernos). Hoy tenemos de nuevo a la mano algunas de las tecnologías y herramientas que nos legaron nuestros nobles antepasados cósmicos. Hay que crecer psíquicamente y pedir ayuda elemental. Orar inteligentemente. Movilizar energías violetas, lilas, malvas, como los efectos relampagueantes que vi anoche proyectados en la pared del Farmatodo de Terrazas del Ávila (causados por las luces parpadeantes azules y rojas de la patrulla de la policía) mientras Titita hacía sus compras de salud. Trabajar y crear afirmativamente con la Resonancia Schumann para que eventualmente se aceleren gradualmente los cambios esperados con miras a subir las referencias de los humanos que al fin y al cabo son los que propiciarían las mejoras en la Tierra y alrededor de la Tierra. De tal modo que, si somos antenas receptivas, con tecnología de punta, podremos sintonizarnos con la frecuencia del púlsar Khristos-Âtén en el centro de la Tierra y de ese modo ayudar y participar en el reacomodo del planeta. Debemos ser más inteligentes, acuciosos, responsables, magistrales. Eso es.


Si la situación familiar y tecnológica nos lo hubiera permitido mis padres y millones más como ellos ya hubieran sido asistidos, aconsejados y guiados a nivel planetario por maestros y maestras de este sistema solar y más allá en el cosmos. Si la Tierra estuviera dirigida por un Consejo Único de Notables y Expertos del Gobierno Mundial, con sus delegaciones y gerencias distribuidas proporcionalmente en todas partes, cada hogar de familia, cada comunidad, cada provincia, cada región, cada continente, etc, tendría un Consejo de Asistencia y Planificación Familiar, Comunitaria y Regional aconsejando y auxiliando a los padres y a las madres a encontrar los mejores caminos para cada uno de sus hijos y cada una de sus hijas y de este modo, mediante el socorro y el saber de rinpochés y tülkus duchos en astrología, astronomía, adivinación, psicotrónica, mediumnidad y sentido común se pudiera consultar la Biblioteca de la Madre Naturaleza y saber dónde pudiera destacarse mejor nuestra progenie y ayudarla a desarrollar lo más posible sus talentos y potencialidades. Nosotros y nosotras somos como metales maleables que al ser bien forjados damos buenos resultados. De paso esto le serviría asimismo a nuestros progenitores porque en el cosmos rige el vaso comunicante de la comunión, la ayudua mutua y la interdependencia, aunque no siempre hay paz y armonía en las alturas. Si un mejor estado de cosas hubiera funcionado en mi infancia, niñez y adolescencia mis padres, mis institutrices, los hermanos jesuitas que me dieron clases y los profesores laicos que tuvieron a bien de instruirme y orientarme se hubieran beneficiado de esta idealizada corriente cósmica colectiva y de paso me hubiera dado cuenta que en el mundo habrían menos repitientes, menos tontos, menos aplazados al final del año escolar o académico. Pero ese no fue ni es el caso todavía y hasta que no haya una reevalución, una mejora sustancial en la educación habrán muchas penas, desconciertos, malas noticias y sorpresas que no nos harán ver que las cosas hubieran podido ser muy distintas, con momentos muy felices y colmados de satisfacciones, recompensas, medallas y premios, con más eximidos y menos dolores de cabeza, lágrimas y aflicciones. En suma, como en mi caso (fui toda mi vida un excelente estudiante, salvo en Dibujo y Matemáticas, mi dolor de cabeza perenne, y a veces en Educación Manual y Estética, Ciencias, Latín y Alemán avanzados) deben haber habido miles de millones que no pudieron ni pueden ni podrán desarrollarse y florecer como debe ser en el mejor de los mundos. Si cada país y el planeta entero recapacitara y se enmendara al unísono, dejaríamos de habitar una esfera tan desigual como la que nos rodea. Eso va a cambiar un día cuando cambien los polos geográficos y magnéticos y cuando todos los imperios de la Tierra caigan. Tabula rasa.


Pero basta de lamentaciones. Hay que sacarle partido a toda situación, por más dura y difícil que sea, porque cada situación contiene una semilla milagrosa y providencial, un poder oculto que puede ser provechoso y desencadenar fuerzas únicas. Hay que voltear la tortilla como dicen por ahí, hacer de tripas corazón y saber que el día después la situación no será tan mala o igual de mala. Además ya que sé que todo se junta y mezcla con todo, que en el Universo no hay cabos sueltos (sólo en nuestra mente chucuta y errática), si logramos encontrar el hilo de Ariadna y asirnos de él podremos tejer un mensaje con clave de código morse cósmico y leer en todos los sentidos el mágico Gran Libro del Altísimo y la Altísima. No hay que desesperarse, por algo suceden las cosas pues son parte de una ecuación matemática. No es cuestión de pasividad fatalista ya que por más oscura y tenebrosa que sea la noche al final del túnel debe brillar por gravitación una luz maravillosa que nos haga ver el secreto de la Verdad, que nos liberará, contentará y hará felices. Y, si vamos unos metros más allá, llevaremos esta buena sensación a otras personas, a los animales, las plantas, los objetos, etc. Esta manera de pensar es parte de la resonante ingeniería leonardina de la educación del espíritu que necesitamos poner en práctica y así nos daremos cuenta que, si podemos encender la chispa de la imaginación, inspiración, intuición, instinto e inocencia –las 5 Is mágicas-, saldremos de todos los atolladeros, por lo menos de los que nos agobian tanto, y nos salvaremos. Por eso, yo no dejo de soñar con lucidez aunque esté en medio del caos y las tinieblas porque si trabajo creativamente podré tocar las estrellas y sentir la brisa. Pero hace falta trabajar en grupo, con amor, esperanza y dedicación, porque mientras más voluntades se unan para un mismo fin y una misma causa común, más rápidamente veremos caer el telón negro que nos separa de la Realidad Resplandeciente, de sus mil y un milagros y prodigios, que a mi entender constituyen lo más precioso y real que tiene el secreto de la vida. Por lo tanto, creo en todas las posibilidades e infinitudes. En los tesoros que abundan. En las resoluciones que determinan. Nada ha terminado, todo está por verse. Estamos por comenzar o reiniciar un nuevo capítulo cósmico, aquí en la Tierra, y venimos de muchas zonas del cielo a decir eso mismo: “¡adelante, a toda máquina! ¡Ya! ¡Llegó tu hora!” Es hora que la Humanidad deje atrás la Tercera Dimensión y se inserte en la forma epigonal del Pentágono Estrellado o Pentagrama, que será uno de los símbolos determinantes de la Nueva Era (otro será la Esvástika Sinistrógira, y otro, el número 9, el dígito de la Ascensión y la Regeneración). En círculos gnósticos hermenéuticos se dice que el profeta Juan el Bautista sabía esto y lo respetaba en sus visiones. Ahora enseño su signo, el Espíritu Santo de Luz, que pronto revelará Maitreya, el Mago de Or. Y rindo tributo al famoso pura sangre de carrera de Venezuela, Cañonero II (1971-1972). ¡Una verdadera leyenda que nos demostró que a veces los feos o chuecos de la partida son los mejores!


Caracas, días después del Equinoccio de Primavera Boreal 2011 con una Súper Luna en Virgo Sideral, lo cual moverá todo Oriente Próximo o Medio Oriente. Arranca la Batalla de Libia, el 19-3-2011, 17:45 horas, en Bhengazi. ¿Sabrán y podrán las nuevas generaciones africanas y orientales ingresar a la Nueva Era? Así espero de todo corazón.