miércoles, 17 de junio de 2015

Acerca del Eón del Colibrí o Tucusito


"... sólo el kolibrí liberará al manvantara. Sólo el krepúskulo anaranjado, rosado, violeta. Sólo el gas azul del matroyoma."
Andrés J. Boulton Figueira de Mello, alias Otumamboya Kilimanjaro, La Máscara Mística de Yeso Espectral, París, México D.F., 1965-1966-1967
Tucusito morado o Zafiro golondrina (Thalurania furcata). Ejemplar macho. Vive en Sur América, al este de los Andes, siendo nativo de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Trinidad y Tobago, y Venezuela.

Por los vientos que soplan, al revisar mis gustos, aficiones, intereses, dedicaciones literarias, estéticas, filosóficas y esotéricas, publicaciones, escritos e ilustraciones me doy cuenta que mis ideas han girado siempre alrededor de temas como la fecundidad o fertilidad, Eros/Amor, las delicias terrestres, gozos y disfrutes, néctares y ambrosías, el éxtasis, lo superior y lo sublime, cuanto conlleva a un altísimo estado de plenitud, felicidad, satisfacción sensorial o suprasensorial, mental, espiritual, psíquica y artística. Si no hubiera estado desde que vine al mundo tan influenciado por la dionisíaca y venusina constelación de Tauro, tales influencias no se hubieran precipitado con tanta fuerza, insistencia e intensidad, tan repetida y prolíficamente. Claro, ha influido tener a Venus cerca del Ascendente y ya que Venus es el co-dispositor de Urano-Saturno-Mercurio-Luna en Tauro la bovina carga vibratoria es indudable y poderosa. Al igual que los astrólogos hindúes, pienso y siento que la Luna representa nuestro co-Ascendente o co-Lagna. Basta conocer dónde se halla la Luna natal y/o solar, cuál es la casa que ocupa, cuáles son sus aspectos fuertes para tener una buena idea de la persona y sus intereses más próximos. Estos sabios de la India y del Tíbet tienen razón. La Luna es el órgano astral más cercano a la Tierra, el más rápido de todos, mucho más íntimo, personal, preciso que el Sol. Hay que darle preeminencia en los asuntos del alma y del corazón.

También ha sido crucial que desde chiquito mi oído musical, abierto a los sonidos y las notas musicales (estudié piano a los siete años y mi primer gramófono me llegó a esa edad crucial), me haya dado cuenta que no puedo vivir sin la compañía musical y artística. Hasta el momento nada ha cambiado en mi interior y predisposiciones innatas y por lo tanto es lógico que el mundo de las aves me llegue tan hondo y halle que los pajaritos, más que las aves de rapiña, rapaces y depredadoras me parezcan tan interesantes, curiosas, pintorescas, hermosas y atractivas, y las haya usado tanto en mis escritos y pinturas filosóficas. Nada ha sido casual, producto del azar o accidental, ya que con mi imaginación ingenua y prístina he buscado entender, descifrar, el mundo mágico que rodea a las avecillas e incluso a los periquitos, loros y guacamayas que me causan tanta hilaridad. ¡Y qué tesoro es Venezuela!

He hecho del colibrí o tucusito el símbolo de una futura Edad de Oro sobre la Tierra. Mientras más estudio a este animalito tan curioso, extraordinario, bello, singular, servicial y franciscano no creo haberme equivocado. Aun diminuto es el símbolo de una colosal evolución que experimentará nuestro planeta cuando deje atrás el período de Kalī Yuga a menudo tan nefasto y sórdido que nos ha tocado vivir hace varios miles de años -desde que aviadores del espacio exterior muy mal encarados, gárrulos y codiciosos llegaron a la Tierra para apoderarse de sus bienes, riquezas naturales y esclavizar sus poblaciones. Al lado de unos animalitos tan trabajadores como ecologistas vinieron también seres tenebrosos y despiadados de otros planetas con el fin de robar nuestras pertenencias, desequilibrar nuestros ecosistemas y dar cabida a sus fines egoístas, crueles, maltrechos e insidiosos. Es hora que los echemos fuera ya que siguen manipulando gobiernos, multitudes, eventos y planes.

Debemos aprender de la Madre Naturaleza cómo comportarnos civilizadamente y ver cuánta sabiduría abunda en nuestro mundo. Ciertas avecillas e insectos han estado acompañándonos desde tiempos antiquísimos, dicen que desde el período Devónico. No sé cuán cierto es el dato, sólo sé que mucho antes de que aparecieran los primeros humanoides y humanos ya Dios había hecho su tarea, la había expuesto un millón de veces, estaba como se dice establecida, organizada, ordenada, funcionaba, existía realmente, y cuando pusimos por primera vez los pies en la Tierra habían seres de distintas formas y reinos naturales en otros mundos esperándonos con su sabiduría y conocimiento, sus tradiciones, actuaciones, deseos, emociones y peculiaridades. Eso significa que hay mucho del Universo no humano en los terrícolas humanos, muchas piedras, cremas, yacimientos metálicos, matas y árboles, mucha fiera o renacuajo, flor y polen, cobre, silicio, magnesio y calcio en nuestras venas, arterias y huesos. No podemos escapar o deshacernos de las cadenas, nexos y vasos comunicantes que nos vinculan con el mundo natural tan cercano como distante y del que formaremos parte hasta que Dios quiera. Ese mundo tan vasto como cambiante y diverso, como ya dije, está dentro de nosotros, nos entró por los cuatro costados cuando fuimos engendrados la primera vez in illo tempore, en un lugar o ente cósmico, que sólo conocen Dios y su Diosa, el arquetípico Ser Supremo de Todas las Cosas.

Durante el Eón del Colibrí los terrícolas humanos aprenderán a nutrirse a diario de néctar divino o ambrosía, de exquisiteces y delicias, de cuanto fabrica y dispone la Naturaleza a nivel culinario como espiritual, material, astral, fotosintético, místico-religioso, etc, porque a fin de cuentas no se hizo al Hombre y a la Mujer para que vivieran apaleados, humillados, atomizados y anulados. Por eso, cuando los humanos quieren surgir de abajo o de las cenizas deben buscar a su Hacedor y Hacedora para que entiendan que al cumplir con los dictámenes religiosos y místicos del Ser Supremo de las Galaxias Unidas, Interactivas e Interdependientes, sacarán las patas del barro y voltearán la tortilla. Y eso es más urgente que nunca en los tiempos que vivimos. Nos necesitamos todos y todas para crear mundos.

Si los terrícolas humanos supieran cuánto tienen de valioso, maravilloso, mágico, prodigioso e inmortal procederían a cambiar su vida radicalmente, no se asesinarían y herirían, no se destruirían tanto y enloquecerían, harían las paces con sus adversarios y enemigos, harían lo imposible para llegar a entenderse entre sí, construirían millones de escuelas, universidades y anfiteatros, cuanto pueda unirnos estaría de primero en nuestras agendas, apuntes, libros y novelas, leyes y decretos, teorías y teoremas, cuanto une al mundo y lo encarrila hacia estados de cultura más civilizados, inteligentes y agradables, cambiarían de raíz pueblos, ciudades, campos y balnearios para que la mayor cantidad posible de cosas, artefactos, útiles y diversiones hagan felices a los demás. Pero como ese no es el caso hoy día vemos que el 99% de los gobiernos gastan más dinero en armas de guerra que en servicios médicos e institutos educativos, recreativos, tecnológicos, filantrópicos. ¿Cómo parar esta locura, este suicidio masivo, este horror planetario, esta esquizofrenia galopante que embarga a justos y pecadores? ¡Será la Naturaleza que pondrá orden y disciplinará a la Humanidad, reordenará su corazón perverso, cruel, carcomido, carente de fe y amor! No hay otra salida, si buscamos bien con lupa, brújula, radar, sonar e intuición. 

Colibrí Garganta roja. Los troquilinos (Trochilinae) son una subfamilia de aves apodiformes de la familia Trochilidae, conocidas comúnmente como colibríes, quindes, tucusitos, picaflores, chupamirtos, chuparrosas, huitsitsili (idioma náhuatl), mainumby (idioma guaraní) o guanumby. Conjuntamente con las ermitas, que pertenecen a la subfamilia Phaethornithinae, conforman la familia Trochilidae que, en la sistemática de Charles Sibley, se clasifica en un orden propio: Trochiliformes, independiente de los vencejos del orden Apodiformes. La subfamilia Trochilinae incluye más de 100 géneros que comprenden un total de 330 a 340 especies. Son los pájaros más pequeños del mundo. Originarios del continente americano. Antaño se les mató por miles a fin de decorar los sombreros femeninos, lo que posiblemente llevó al exterminio de varias especies.

Los colibríes están entre los pájaros más pequeños que existen. La especie de tamaño más reducido es el colibrí zunzuncito o elfo de las abejas (Mellisuga helenae), que con su pico y cola mide apenas unos 5,5 centímetros, exclusivo de Cuba. La especie más grande, el llamado colibrí gigante (Patagona gigas), mide unos 25 cm. La mayoría de los colibríes presenta un plumaje muy colorido, generalmente de color verde metálico. El cuello de los machos es frecuentemente rojo brillante, azul o verde esmeralda. Una característica especial de los colibríes es el pico, que diverge casi siempre de especie en especie. El colibrí pico espada (Ensifera ensifera), por ejemplo, tiene un pico casi tan largo como el cuerpo, de unos 10 cm de longitud.

Creo que no estamos muy lejos del Apocalipsis de Juan y de lo anunciado en sus líneas e imágenes tan impactantes como desoladoras. Debe haber un fin a toda la insana actuación de los gobiernos sobre la Tierra, empujados por líderes, representantes, funcionarios y militares crueles, hipócritas, maniáticos, megalómanos, malintencionados, duros de corazón, sedientos de poder, fortunas, depredaciones. Si no hay un cese a conflictos y odios, la Madre Naturaleza reaccionará y será con violencia, por causa y efecto. Estoy convencido que esto sucederá en el siglo XXI y la liempieza durará hasta el siglo XXII. China, EE UU y Europa sufrirán muchísimo. Cuando me puse a escribir mi primer librito amarillo, Violeta Siete, en 1962, veía venir este arreglo de cuentas cósmico. Veía la Destrucción, el frío glacial recorriendo el planeta, las noches de miedo y espanto, lo que no se puede ni debe decir en voz alta pues es causa de mucho dolor y sufrimiento y da mucha pena y vergüenza. Pero así será en casi todas partes. Se salvarán quienes huyan de las costas y las grandes urbes ya contaminadas, las centrales nucleares en Europa, Norteamérica y Asia. Se salvarán sólo unos cuantos, quienes hayan oído y visto al Colibrí, al Tucusito, al Elfo de las Abejas (Mellisuga helenae), el pájaro más chiquito del mundo, aletear y picar flores que las abejas, los abejorros, las mariposas, las libélulas y los gusanitos completan en su faena franciscana y recorrido diario. Los terrícolas humanos escaparán a las olas gigantes, las lluvias copiosas con truenos, rayos y relámpagos, y verán desde el aire señales en el suelo (agrogramas) si le prestan atención a ángeles y profetas. Y sabrán dónde ponerse a resguardo, dónde conectarse con hermanos y hermanas más sensibles y sutiles, sensatos y juiciosos. Esta monumental y pavorosa Destrucción (que muchos no quieren entender ni aceptar por ser tan inconscientes) sucederá, viene pronto, lo sé desde 1964, cuando Dios -la misma Naturaleza- tan paciente como gigante nos lo indique y se advierta que ya no se puede parar más la debacle porque el globo de aire se desinfla y ya no se puede evitar que avance el calentamiento global y ciertas anomalías geomagnéticas y geotrópicas. Hasta que ocurra habrá que aprender mucho, corregirse mucho, amar mucho y esforzarse mucho, actuar con cautela, previsión, astucia y santiguarse. Todos y todas tenemos algo que dar y recibir. No estamos a la deriva al menos todavía. La tierra, el pasto, los olores de la lluvia, el salitre, todo lo que respira y siente nos llama a su lado, y si hacemos caso habrá una paz bendita a diestra y siniestra. No solamente eso: hay almas adelantadas, comprometidas y multidimensionales que nos ven y oyen, pendientes de todo lo que transpira entre los polos y en el Sol.

Hace cinco décadas que sé que posiblemente más de la mitad de la población actual no podrá escapar con vida a la Destrucción que cada vez más se nos viene encima. Pero sigo pensando que no estaremos solos y solas ante la grave situación causada por estos extremos de temperatura: sea que nos tueste el sobrecalentamiento global o se riegue el frío polar la Tierra no podrá resarcirse de un serio desbarajuste telúrico, marítimo, volcánico y astral, o impedirlo así a secas; o habrá algo más devastador: que vivamos una supertormenta solar, conjuntamente con una tormenta geomagnética, peor que la de 1859, ya que hoy dependemos más que nunca de la energía eléctrica a todos los niveles y aunque muy modernizados podríamos en cuestión de semanas retrotraernos a épocas tan pretéritas que creíamos superadas. Este escenario puede suceder perfectamente. Seré preciso, enfático: la mayoría de nuestros gobernantes y políticos son unos descreídos, ignorantes e incapaces, no quieren dar su brazo a torcer. NO CREEN y punto, ni en ciclos ni en repeticiones. Solamente creen en el poder del dinero, las transacciones financieras y las armas, son amos y esclavos de la fuerza bruta. Tratar de convencer a estas gentes es perder el tiempo. Pero basta estudiar cientos de agrogramas para darse cuenta que algo muy serio se aproxima ominosamente. Y, si se les dice que América es el continente del futuro pero que América del Sur llevará la batuta y será el subcontinente, la región del futuro, se reirán a carcajadas y nos mentarán la madre. Ya me pasó una vez cuando dije en un avión estadounidense, antes de aterrizar en Puerto Rico, que el español (hispanoamericano con más precisión) es la lengua del futuro, no el inglés. Ya veremos en cien años si estábamos en lo cierto o meando fuera del perol, como dicen en Venezuela. Aunque parezca increíble las corrientes fluviales, marinas, continentales y bipolares moverán al planeta de cabo a rabo. Otros y otras lo vaticinaron hace rato. Ya veremos, hermanos y hermanas, mientras tanto no se crucen de brazos. ¡Trabajen como abejas, sean indestructibles como diamantes y precisos como centellas, para que sus propósitos se cumplan y colaboren con el porvenir del Dharma! ¡El Futuro es de los despiertos y las despiertas!

Caracas, escrito alrededor del 17 de febrero de 2015. Revisado y pulido el 11 de junio de 2015.

Honor al Colibrí por parte del egipcio. Obra del Autor. Caracas. 2015.

Como señalé anteriormente: ¡el Futuro es de quienes despertaron! Y precisamente por ello me veo precisado a poner por escrito un cálculo que he estado haciendo en vista de lo que percibo y que tiene que ver con la salud y el porvenir de nuestro planeta a corto y mediano plazos. He sido un ecologista y un seguidor de catástrofes, cambios violentos telúricos, marinos, geofísicos, desde mi juventud y me preocupa mucho lo que puede acontecerle pronto a nuestro planeta. Veo lo siguiente: a lo largo de una gran franja gris horizontal del hemisferio boreal, que va de Canadá y Estados Unidos de Norteamérica a Europa, Rusia y China, que cubriría desde el Polo Norte al paralelo 40ºN aproximadamente, percibo que esta franja padecerá y será presa de un gran cúmulo de alteraciones geofísicas que podrían ser incontrolables y gravísimas. Esta franja boreal podrá verse inundada, sumergida, alterada por efectos mayormente de las aguas, deslaves y depresiones geológicas porque los vientos tormentosos cambiarán y se volverán huracanados. Si esto sucediera, vastas porciones de tierras continentales, islas, cabos y penínsulas, corrientes, mares y playas cambiarán de forma y dirección muy rápidamente y las tierras boreales que se hundan causarán por oscilación magnética que al sur del ecuador vastas porciones de tierras suban de altura, choquen y se cambie la geografía y los ecosistemas violenta y asombrosamente, sísmica y volcánicamente, e incluso la actual Antártida verá desaparecer su gruesa capa de hielo y se volverá tropical de nuevo como lo fue en épocas muy pretéritas. América del Sur cambiará de forma y un clima más frío alterará la selva y los bosques actuales y sería inimaginable poner acá por escrito cuanto pasaría si las costas con sus urbes, como Caracas, Río de Janeiro, Cartagena, Recife, Pernambuco, Buenos Aires, Valparaíso, etc, fueran a desaparecer.

Así que el colapso de Europa, que intuía décadas atrás en los libros escritos en París a mediados de los '60 del siglo pasado, será cierto, los actuales polos de desarrollo industrial en el hemisferio boreal podrían dejar de serlo pero a la vez los países emergentes o subdesarrollados actualmente en el hemisferio austral serán los nuevos polos de desarrollo industrial, tecnológico, agronómico y social. No entiendo cómo es que hasta el momento no se haya construido un depósito de granos y semillas en el Sur como se ha hecho en el Norte, en Noruega, por ejemplo. No entiendo cómo nuestros científicos y futurólogos, además de los políticos casi siempre tan mediocres y mal informados, no han pensado en esto porque en América del Sur debe centrarse el futuro de la Humanidad, también en África del Sur, Namibia y sus alrededores, Australia y Nueva Zelanda, que verán su actual conformación geológica. El único país europeo que por tradición histórica es excepcional y genial por su alto rendimiento espiritual y físico-material es y ha sido Alemania desde la época celta y aria. Los suramericanos debieran tener todos mucha comunicación y colaboración de parte de los alemanes y austríacos o suizos. Adelantarían mucho y se podrían ahorrar muchos dolores de cabeza. Los alemanes fueron los que propulsaron los grandes adelantos en los Estados Unidos de Norteamérica. Pero si Europa decae, se contrae y desaparece, será una gran pena, porque es ahora el lugar más civilizado en el mundo. No obstante, el planeta seguirá evolucionando y viejas razas, algunas originalmente antediluvianas, volverán a reaparecer y orientar a futuras generaciones porque Gaia será un sitio mucho más adelantado, saludable y prometedor pues contará con nuestros hermanos y nuestras hermanas extraterrestres que aportarán su conocimiento, información y espíritu solidario. En unos cuantos años lo perdido se recuperará. Así son las cosas.