lunes, 6 de octubre de 2008

Cuando en Roma, en 1961, me fajé a trabajar en la TAU

Cuando en Roma, en 1961, me fajé a trabajar en la TAU del Ente Supremo en la mente de kien está en estado de éxtasis. La misma reapareció en "El Orgasmo de Dios".

A mi hermano Omar Benavides en Miami, con cariño

Cuando en Roma, en 1961, me fajé en el manuscrito de La Cárcel, que dejé por Apuntes Generales y Las Bufonadas, que con el tiempo se volvieron El Rito del Falo, El Rito del Orgasmo y finalmente El Orgasmo de Dios, y por razones nada anodinas usé el alias de Antón Petrovitch Kazímov (con acento en la í), en vez de mi nombre y apellido paterno y materno, nada sabía entonces que San Antonio o Antón abad (215-356 después de C.), el monje egipcio y cristiano, fundador del movimiento eremítico, tuvo como símbolo principal a la famosa letra taw del alfabeto hebreo o tau del alfabeto griego, una variante del ankh egipcio, el signo de vida y felicidad que las divinidades egipcias y los faraones y las faraonas cargaban en sus manos mientras realizaban sus ritos interespaciales. Eons of Dignity by Cybertribe y Best of Buddha by Radar.

Pasarían los años y a veces de un modo intuitivo iba empleando este símbolo cada vez más. Pasarían los años y gradualmente iba estableciendo semejanzas y descubriendo afinidades con San Francisco de Asís que también hizo de la tau su signo favorito. Cuando viajé con mamá por gran parte de Italia no quise dejar de ir a Assisi y Siena pues me llamaban la atención por su refinamiento y encanto. Pero no fue sino tras unirme a Linditi –la otrora Hermana Clara o Claro de Luna, fundadora de la Orden de las Clarisas pobres y descalzas- que la imagen y personalidad del hermano Francisco cobró un significado que resaltó. Primero, los Hermanos de Arriba le hicieron saber que era cierto que él y yo estábamos muy ligados así como con Linditi, quien comenzó a colocar una vieja estampa del hermano franciscano junto a mi foto y un día se me reveló esto: en una vida anterior fui el Hermano Sol de Assisi y eso explicaba muchas cosas en mí. Me puse a echar para atrás, en esta vida, a encontrarle razones a ciertas actitudes y hechos: el porqué de mis reacciones alucinantes y tormentosas con Jesús o rebeldes frente a la Iglesia Católica, la gente rica y las clases dominantes en general. Otro rompecabezas místico resuelto y aclarado. Lo que me queda ahora es continuar la obra heroica iniciada hace millones de años como reptiliano al servicio del Gran Psión. Años atrás, en París, en 1964, Gérald Robitaille, quien fue secretario del gurú Henry Miller, en un grito de profunda emoción, me espetó: “¡pero es que eres más pobre que San Francisco de Asís!”. Y Gérald no estaba tan lejos de la verdad porque si no hubiera sido por mi papá y mi mamá ya estaría requeteenterrado en un campo santo de Galicia o arrastrándome y viviendo hoy en la calle, cual indigente, pidiendo limosna, con cartones y bolsas negras y grises por cama (quién creería que durante estos últimos 5 años y medio hemos tenido que poner bolsas de basura en vez de cortinas en el cuarto de dormir del apartamento donde hemos vivido después que nos botaron sin piedad, por egoísmo, avaricia y mezquindad, de La Puerta Celeste). Me ha sido prácticamente imposible ganarme honesta y dignamente unos churupos con lo que sé hacer, como pensar, pintar y escribir. Hasta hoy cuando me gano algún dinerito es porque me tienen lástima o por caridad y eso que no me han faltado ideas, innovación, imaginación, ambición, pujanza y tesón, hasta en el campo de las finanzas y la publicidad. A esta altura de mi vida sigo pareciendo un monje antoniano o franciscano que debe humillarse, hacer malabarismos, y pasar por loco o tonto para que entre burlas y muecas sarcásticas nos tiren una que otra limosna o bocado.




Santa Clara de Asís. Óleo de Simone Martini (1284-1344).



Detalle de San Francisco de Asís. Óleo de Stefano di Giovanni di Consolo da Cortona, conocido también como Sassetta o il Sassetta (1392-1450/1451).

Copiaré ahora varios fragmentos fractales y espiraloides de El Orgasmo de Dios, páginas 166-169 de la 2da. edición, donde hago mención de la letra tau. Este pasaje lo compuse mientras me encontraba en la Clínica de Reposo en Prangins, Suiza. Mientras estuve allí estaba, como decía Henry Miller, recibiendo “dictados” del Cielo, me sentía “inspirado” y me ponía a escribir sin parar, dos o tres horas seguidas, interrumpiéndome sólo para tomar agua, orinar o ver por la ventana el cielo, los Alpes, los árboles, el jardín y el lago Léman. Cuando el artista está inspirado es como si estuviera enchufado a una central cósmica electrodinámica, hidro y termoeléctrica. He sido bendecido por estar así una pila de veces. Las palabras brotan del interior, las frases se encadenan unas con otras, siguiendo un ritmo bárbaro, frenético, insistente, teledirigido e inteligente, como si un potente y dionisíaco géyser brotara con tal fuerza que apenas da tiempo de anotar (antes se escribía a mano o a máquina, pero ahora, con la computadora, el copiado es más exacto, legible y fidedigno y, sin embargo Quien Está Dictando se transporta hasta uno a velocidad Mach 1000 y como se comprenderá es impensable, imposible, demasiado fantástico y surrealista esperar transcribir todo el abracadabra de un modo exacto, justo y meridiano como espera el Venerable Maestro de Orø).

“El que no desprende más que horripilación en las delicias de las comidas terrestres (y para mí el verbo es pan y agua), el que presume ser lo suficientemente astuto para sobrepasar los obstáculos y después acomodarse irresponsablemente en los tronos etéreos, pues está archiequivocado. ¿Cómo ansían ustedes saborear lo eterno, lo sin estrenar, lo fragante, lo tranquilo, lo desordenado y lo violento, lo angustioso y peligroso, lo irremediable y eventual, cuando no hacen más que cultivar la ciencia del onanismo y blasfemar contra la última mariposa del Credo? ¡Diantre! Hombres Contemporáneos, ¿anhelan ustedes devenir los padres y las hijas del futuro? Échenle un vistazo a Margot, aquí al lado mío…la puta de las putas, la mujer fargallona, bestia nutrida en el plenum de caricias y embustes, áspero sueño convertido en alucinaciones innombrables, regocijos malcontados y pulverizados en laberintos intercalares, creaciones sin conclusión o introducción, rumbo ni suspenso, vida extinta d’esperanza y asociaciones, quejidos de boca bermellona en medio de orgasmos mates; coño taladrado, hinchado, alquimizado y chutado por artefactos marcianos, paracaídas venusinos, kayacs saturninos; y permanente soledad, pared sin muros, huella sin imprentas, útero deformado, estéril, puyado y boca abajo. Y después más aislamiento, siempre aterrada si se reúne con el ciclón espectral e ilógico: y nunca razón y nunca armonía, mas cacofonía y chorros de semen y lenguarazos ofidianos y misterio con orientalismo y convulsiones sanguíneas y el peristalsis ahumado tergiversado mermado y los vasos capilares llenos de ajenjo caolín aqua vitae y lápizlázuli; mas, igualmente, muerte, amargura, aniquilación, murmullos tuberculosos. ¡Ah, el farfullar en el tope del éxtasis! Y jamás invernaderos, mercurocromo, sal; menos aún berilo, ni amor en conjunto, ni conjunciones de Júpiter con el Avatar, ni sinceridad; menos aún índigo o verde prusiano; pero sí iras, mentiras, decepciones, engaños, cuarentena. Rada, rada, rada…¡Ay, préstenme atención! ¡Pregúntenle a Margot, si no se caga a diario en sus pantaletas! Si no llora, si no se mea, si no carcajea también. Pero, over all, pregúntenle, si vivir sin esperanza, significa admitir derrota, ruina, ¡desesperación y futilidad! ¡Qué va! Yo muchas veces la he sorprendido maldiciendo su destino, su posición, su envenenamiento, su glándula pineal. Esto es natural y sano. Sin embargo, yo nunca la he oído ni la oiré exclamar (la conozco hasta en sus sueños) que no desearía que la vida se repitiera perpetuamente. ¡Escuchen! Pues hay que levantarse y levantarse mil y una veces, hasta triunfar con el sol adentro y sin temor ni dolor. El hombre avanza hacia la felicidad: amor y tau. El hombre, también, se supera para dominar a los terremotos y alzarse encima de las sacudidas. Siempre olfateamos una meta, un muelle, una posada, pero tan pronto aplicamos la mecha al cebo y tributamos un holocausto a los dioses, la guabinosa conciencia berrea: ‘regresa, regresa, e innova de nuevo’. Ya que a menudo preferimos perdernos qu’encontrarnos. Cuando adquirimos sabiduría, riquezas, control, cuando vencemos el miedo y la solitud, apunta el cansancio y cual una prosaica amazona sucumbimos a la picadura de la naja. Nos fascina la guerra. Un oficio alpinista. Voluminamos la voz para que las palmeras se desplacen, suspiramos para que nuestros amantes aticen el fuego de la piedra angular en nuestras pirámides y círculos anatómicos. Y con arcilla del chamán insistimos en ideogramar nuestros males. Sobrecargamos nuestros lomos con pesares y bultos para morder polvo, inclinamos la balanza para edificar incesantes órdenes e incesantes vistas panorámicas; y, porque da pena la estupidez & la ignorancia & la cueldad de nuestros hermanos y hermanas, no prevalecemos porque no aspiramos a ser coronados sino a coronar a otros, nos exaltamos para que la Historia aplauda nuestra mostaza, nos enfermamos para que que no nos atiendan y nos dejen cual perros bravos, llevamos la palma para que digan que nuestras crucifixiones irradian hermosura y enigmas, y, por último, casi todos marchamos en la oscuridad, unos sin saberlo, otros sabiéndolo. Allá, al final, en la alborada, se prende un fósforo extraordinario y trascendental. La sola manera de apadrinarlo es a través de la emancipación, de la pasión en cualquiera de sus mil rayos, y, de la generosidad.

Fénix Real. En homenaje a la Nueva Puerta de Venezuela en Puerto La Cruz, Edo. Anzoátegui, por donde llegará la energía hasta Guayana (Uiana). Versión rosacruz del Autor. Caracas. 2006.


“El Café Terminal, tras el discurso inflamado de Juan parecía una morgue. El silencio era total. Mas pronto, como si un demonio se hubiera inmiscuido discretamente entre los taburetes del bar y el barman, chucheos y trancazos comenzaron a empinarse precipitadamente, acalorándose, hasta que una sarcástica, enconada y atroz carcajada reventó en el Café. Todo el mundo parecía padecer de delirium tremens. Las pinturas eróticas que adornaban los techos lanzaron unoa clamores de alarma y los eunucos que servían los cafecitos y el peyotl se castraron right in front of the ladies. La multitud ululaba que Juan tenía que ser linchado, apedreado, machucado y pataleado. Se pedía su pericráneo y cabellera y un precio se fijó. Era ésta una multitud electrificada y presa de loca incertidumbre. Las damas se rasgaron sus vestidos y los hombres avanzaron furibundos hacia Juan y Margot. Rápidamente Juan tomó por el brazo a Margot y se la llevó hasta la puerta del Café. Iba a gritar algo cuando un botellazo le rompió la frente. ¡Qué lío se estaba formando! En medio del tumulto, entre insultos, empujones y carajazos, Juan y Margot pudieron escapar, no sin que a ésta última le escupieran encima. Su faz estaba torcida por el dolor, lucía franca como pétalo de lis, lúcida y penetrante como l’atavística Chu que persiguen los bufones; y, sin embargo, igualmente cruda y aguda y supersticiosa. Era como un alma mordida por la desolación. Si esta hembra parecía existir con cadenas alrededor de su cuello marfileño, si esta hembra personificaba la diosa desterrada, su carrera semi-legendaria y semi-histórica era cual un estigma cruento que aviva al desdichado cuando su sitar no es acogido en los círculos de los demás. Juan era Hefaistos, Urano y Sileno; más aún, era Venus, Juno, Urania y Deméter. Ah, Juan y Margot hicieron el amor esa noche al margen del sufrimiento. Sus cuerpos exhalaron un poder inmenso. Se amaron vorazmente. Se extirparon las heridas con grandiosos encuentros genitaloides. La curación que conoce todo ser viviente tuvo lugar en un cuarto viejo y colonial, cuyo balcón daba sobre una calle perfumada con melodías carnavalescas. Carnaval de calvarios, precedidos por luces de bengala y faisanes igniscentes, 3 horas idas para Juan y Margot. Carnaval inspirado en las cavernas de Kohistán y empinado en el pico más increíble del Himalaya. Danzas estrambóticas sin ensayo. Pura consonancia, pura euforia. Revolución. Y cuando los primeros rayos de luz cruzaron las rendijas de las ventans, los pies de Margot culebreados entre los de Juan, sus tetas húmedas, suculentas, montuosas, envueltas en las manos hirvientes de Juan, su cabellera india y azabache englobando los ojos azules del macho, l’habitación destellaba una fulgencia anormal y longeva capaz d’encandilar a millones de corazones carbonizados. Era iris, lucero, oriente salvador. Era el sacrificio voluntario para la redención de los climas borrosos. Y, cuando al fin se despertaron los incestuosos, en pleno mediodía, encontraron muchas palomas, muchas ocas, muchos caribúes, muchos gorriones, muchos peces cantantes, muchos perros de Terranova esperándolos en el florido balcón.

EL CÍCLOPE DE TINEH

“Juan le contó una vez a Margot que la personalidad se orientaba hacia 2 polos opuestos para alimentarse @ π 9 de fuerzas pujantes. Si él lograba conducirse en estado de completa lucidez cada vez que variaba su personalidad y demostraba que, en realidad, era varias personas diferentes, su existencia nunca terminaría. Mediante gustos, modales, ideas, sensaciones, cálculos y teorías contradictorias, él podía intuir la multiplicación de la individualidad. Lo que era difícil era mantener absoluta sinceridad hacia sí mismo y hacia cada una de las infinitas tensiones.”
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