miércoles, 5 de agosto de 2009

Cuentos Chinos

Si el viento sopla muy fuerte, caen cosas.
¿Qué hacer? ¿Construir más fuerte o hacer que el viento no sople tan fuerte?

Si los hombres discuten mucho,
preferible guardar silencio.
El silencio impone serenidad
la discusión cansa
y no permite un sano juicio.
Más vale la elocuencia del silencio.

Hay demasiado ruido en el mundo.
Todos quieren llegar de primero
pocos de segundo y menos de último.
A veces el último lo ve todo
y su juicio es más imparcial.

Esta época parece una locura.
Todos hablan a la vez.
Pocos oyen.
Casi nadie entiende.
Prefiero el lenguaje de algunas plantas y piedras
que dicen suficiente cada vez.

¿Quién tiene la razón?
¿El insecto que aguijonea
o su miel que curó el aguijón?

Cada persona debe escucharse para poder oir a los demás.

Más vale entretenerse que dejarse ahogar en un vaso de agua.
No se contiene y tampoco se tiene a sí mismo.

Es más sencillo desenredar que llegar a la simplicidad fenomenal.
Una toma un tiempo y la otra varios tiempos que pueden ser interminables.

Oir es ver lo que los demás están tratando de esconder con su ruido interno
que no los deja escuchar a los demás y encontrarse a sí mismos.

Si puedes voltearte para ver a los demás, entonces estás en el buen camino.
Cuando llegues a tu destino entenderás que cada paso que diste fue un buen comienzo.
Te sentarás sobre una piedra y te verás a ti mismo.
Quizás no te reconozcas
porque te verás de muchas formas y pensarás que eres cada una de ellas
sin caer en cuenta que sólo eres la unión y la confluencia de todas ellas.
Eres un pedazo de átomo pero con ese pedazo te bastará para cubrir el vasto cielo.

No somos todo lo que pensamos ser y queremos ser
mas eso no significa que seamos todo lo que quisimos ser antes de nacer y ser.
Se es en círculos y quizás cuando lleguemos al centro lo hayamos visto todo.
Conténtate. Basta que te contactes contigo mismo
para que llegues hasta donde están los demás y los abraces.
Eso es ser también.

Haz cosas imposibles. Sueña con imposibles. Apunta a imposibles. Vive imposibles.
Y cuando llegues a vestirte solo y cepillarte los dientes solo
verás que lograste un imposible más:
uno que te trazaste cuando eras un embrión
o cuando apenas gateabas.
A cada momento Dios nos inventa imposibles posibles.

Aprende lo principal. Tu principio es tu fin ulterior. Vivir es un aprendizaje de nanosegundo en nanosegundo y tenemos una Eternidad por delante para descubrirlo desde el principio.

Escucha tu respiración. Y sabrás cuánto amor y excelencia te dio y puso el Cielo en ti.

Confucio presentándole a Laozi el bebé Budita. Pintura de la Dinastía Ming. China.
Fuente: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Confucius_Laozi_Buddha.jpg


Caracas, 4 de agosto del 2009



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