domingo, 18 de julio de 2010

El Fin de los rituales es crear conciencia y ennoblecer



A mi hermano José M:. M:., medio venezolano y medio colombiano, todo planetario, ciudadano del drama, con mis votos para un Nuevo Amanecer después de las lluvias de ahora (según Benjamín Solari Parravicini), el de la Revolución Azul del Siglo XXI, que abrirá un paréntesis en la historia del país al norte del sur de la Amérika.


A Paul Otto Hesse, Paul Laviolette, Estelle Irizarry, James Churchward, Leo Frobenius, Richard Wagner. Que se entienda: para abrir nuevos caminos siempre habrá que martillar la pared con fuerza. Eso mismo le sucede a cada nueva idea que termina estremeciendo y abriendo nuevas longitudes y latitudes y arcos de distancia. Abrir un nuevo hueco equivale a abrir y destapar una nueva neurona en coma y vencer la resistencia impuesta por milenios y milenios de olvido, pasividad, indiferencia y desidia para que su destello y función no se dejen ver.


Cuando desde tu ángulo de guerrero de la luz en el Poniente, a la caída del Sol, observes las Siete Cabrillas Natatorias, las Siete Hermanas de las Pléyades, entonces sabrás que está por llegar pronto un cambio para la Tierra. Mide entonces la declinación de este cúmulo estelar. Muchos se encogerán de hombros mientras otros prestarán atención. Recuerda que las Pléyades jugaron un rol importante en la decisión de mandar a Cristóbal Colom, el sefardita mallorquín inspirado y atrevido a la conquista peninsular de la Amérika y en las vidas de los pueblos precolombinos y oceánicos. Igual pasará ahora. Muchos no entienden ni les interesa eso del cinturón de fotones de las Pléyades porque lo consideran un absurdo, una locura más. Pero el campo magnético de la Tierra sí lo siente y sabe que a mayor velocidad e intensidad fotónica mayor impresión telúrica, acuática, ígnea, aérea y pránica. Nada está desvinculado o divorciado de su entorno. Como es arriba es abajo. Desde tu ángulo de observación impasible mira a las Pléyades como quien ve al pitcher que lanza la bola y ve a Orión y sus Tres Marías como el bateador que le pega a la bola con toda su fuerza y la envía al fondo del estadio. Eso mismo va a acontecer en nuestro planeta pronto. En 1998 se abrió una Puerta Celeste en el Este. No digas luego que no se te advirtió, espectador y espectadora de las Grandes Ligas. No te quedes impávido e impávida, si el suelo a tu derredor se mueve cual sarabanda. Tu planeta se llama ‘Saras’ en Solex Mal: es decir, “dolor”.


El problema no está en el idioma usado, si sagrado o profano, el sistema o modo de comunicarse, entenderse y subir la referencia individual o colectiva (si esa es la intención premeditada), el ritual, el puente, el gesto o la palabra secreta. El problema no es tanto la letra como el espíritu, la palabra como el modo de hablar, exponer, describir o entretener. El problema yace en el trasfondo del ser humano, en su ética y moral, en su actitud y filosofía, su combinación de ideas y pensamientos, emociones y sentimientos. Por disquisiciones, diferencias y discrepancias, muchas de ellas absurdas y ridículas, inflexibles y rígidas, los humanos se han agredido unos a otros, se han matado, herido e injuriado entre sí, con intolerancia, fanatismo, sectarismo, prejuicio e imposición, protagonizando luchas necias por poder, dominio y control, con ese autoritarismo dogmático que Krishnamurti combatió toda su vida, quedándose en la forma y las apariencias y no tanto en la esencia, el numen, el núcleo, el corazón y la yema. ¿No será hora de pasar la página y comenzar una nueva etapa y fase histórica? ¿Le sucederá igual a Venezuela, mi patria querida? ¿No se da cuenta acaso que han pasado 52 años desde la caída de Marcos Pérez Jiménez, ese 23 de enero de 1958? ¿Acaso no ha tomado en cuenta los 52 años solares del ciclo histórico de las Pléyades que los antiguos mexicas, mayas, y mesoamericanos en general celebraban en medio de rituales agrarios y sacrificios humanos, tratando de impedir con tremendos y sanguinarios holocaustos que sus mundos no terminaran en medio de eclipses y demás horrores de fines de mundo? ¿Acaso no hemos aprendido a reconocer el valor de los eclipses lunares y solares que en este 2010 van a impactar directamente a nuestro país en medio de tanta nigromancia, horror, putrefacción, atraso y desunión general? En 52 años los venezolanos hemos pasado de ser la cabeza de Latinoamérica a la de ser la cola de Latinoamérica, junto con Haití, Guyana, Surinam y la Guayana Francesa. Hoy somos un país pobre, catatónico, desfasado, gobernado por mediocres y malandros. Culmina y se cierra para nosotros un ciclo urobórico. El Dragón de los Nodos se muerde la cola. Será el fin de Macuto. Las Pléyades y su cinturón fotónico están escribiendo nuestro destino sobre nuestras cabezas y debemos prepararnos para el Gran Cazador de Orión y para lo que vendrá del 2012 en adelante que gradualmente, a lo largo de varias décadas, irá modificando nuestra existencia así como la del planeta hasta dejarlo renovado y reformado. Es lo que intuyo y me estoy imaginando. Hay que prestar atención, abrir los ojos y agudizar los tímpanos. ¡Adelante, entonces!


Desde la Noche de los Tiempos, antes de que nuestro planeta fuera inspeccionado por scouts de Otros Mundos y habitado por humanoides, híbridos y homínidos, y mucho antes por antropoides, berracos, reptiles, anfibios, peces, crustáceos, moluscos, protozoarios, bacterias, atacado por aerolitos, cometas y meteoritos, frotado y galvanizado por la Mano del Dios del Espacio Exterior copulando voluptuosa y poéticamente con la Diosa de la Melena en Llamas, hubo códigos, claves y lenguajes de comunicación, transmisión y transferencia de conocimientos cósmicos que se pasaron de una generación a otra como en una secuencia y sucesión de Fibonacci. Registrado en nuestra cámara alta del ADN-ARN está una patente de invención aerodinámica escrita con rayos gamma, X, ultravioletas e infrarrojos, un calculado y sabio arreglo combinado de cifras, signos, colores, sonidos, formas, vibraciones, fenómenos, voluntades y manifestaciones de diferentes índoles y fuentes que para expresarse necesita un mecanismo particular e inteligente que sea comprendido y empleado a nivel grupal, general, colectivo.


















El milagroso proyecto mesiánico, cristiano, sefardita, islámico, de Cristóbal Colom, el visionario ladino nacido en las Islas Baleares.


Todo es rito y ritual en la Naturaleza y nada está de más o de menos. Reina la perfección en el cosmos aunque ésta no se entienda a menudo pero así son las cosas del mundo divino, en las alturas superiores, en los recónditos insondables donde moran y de donde se extraen finuras, sutilezas, multidimensiones, civilizaciones perdidas o extinguidas, salvadoras y milagrosas válvulas de escape y hechos inexplicables que muchos y muchas dudan de su veracidad, como la de saber que mucho antes de que Cristóbal Colóm llegara con conocimiento de causa al vasto continente americano ya éste se había dado a conocer por Viracocha, Quetzalcóatl, It-zamná y otros líderes de raza aria y tez alba o cetrina. [El notable judío sefardí Cristóbal Colom, hoy cambiado a Colón por la fuerza de las circunstancias, de quien se dice fue un cuerpo más que usó el amable Maestro Ascendido St. Germain para llevar a cabo una misón espectacular de progreso y quien fue un protegido de la Reina Isabel de Castilla la Católica, participó en una expedición a Islandia y Groenlandia a finales de 1476, la cual fue precedida por otra expedición en 1473, al mando de Dridik Pining, que parece llegó hasta el Labrador y Newfoundland, en la costa este de Canadá. Nuestro famoso, romántico y visionario ladino catalán o judeocatalán de apellido español Colón o más bien Colom, aragonés de la Alquería Roja o Terra Rubra, en Mallorca, Islas Baleares, o como Xristo-Ferens, pues así él se autodenominó crípticamente en varios documentos, seguramente oyó hablar durante el periplo de la expedición comandada por el piloto noruego-danés Jon Skolp en la que participó acerca de las extraordinarias tierras de la Merica, que, según reporta en 1925 el Dr. Sofus Larsen de la Universidad de Copenhagen y más tarde, en 1973, el erudito Soromsted, es un nombre que pudo haber derivado de la palabra escandinava Marrike, fruto de "Marr" que significa, "Mar", y de "Rike" que quiere decir, "tierra". Por lo tanto, "Marrike" sería "Tierras Oceánicas” o "del Océano" y describiría las lejanas tierras en el océano al oeste de Groenlandia. Y después, cuando acabó la sangrienta Reconquista Católica de España, fue acordado secretamente con los Reyes Católicos que España y Portugal se lanzara a “descubrir” América o Amerrique y además de ocupar y colonizar las nueva tierras se facilitara y produjera un medio de escape, éxodo, destierro y desahogo a miles de españoles y lusitanos de religión hebrea y musulmana para que se acabara la gran tensión en las poblaciones desde que llegaron en el siglo VIII los moros que sí toleraron el comercio y la religión de los judíos. Por eso, no es por casualidad o petulancia que tantos nombres andaluces y catalanes, amén de vascos y extremeños, fueron a parar al continente americano en son de recuerdo o lembrança. Mi apellido materno brasileiro y por ende portugués, Figueira de Mello, es de origen sefardí y, por otro lado, mi tatarabuela paterna, de nombre Anne Gertrudis Schimmel, nacida en Curaçao, era de origen sefardí-askenazi, así que judío soy de sobra y con mucha honra. Es más ahora entiendo de dónde venía esa necesidad tan imperiosa de querer poner una k donde veía una q o c y una s donde veía o sonaba una c: ¿serían estos cambios ortográficos y semánticos parte de mi memoria sefardita que de pronto, en Prangins, en 1962, asaltóme, cuando estaba precisamente luchando por mi supervivencia como intelectual y artista? Posiblemente sea eso, deus meu.]


Navegantes y exploradores, fenicios, romanos y vikingos, y mucho después los aventureros templarios, siempre a la búsqueda de tesoros y nuevos ingredientes esotéricos, debieron haber sabido del vastísimo continente más allá de las islas Canarias y las Açores y no creo que haya sido por azar que debieron haber oído hablar de Amerrique, en la “voz de un dialecto nativo de las cordilleras centrales de Nicaragua, perteneciente al tronco lingüístico lenca-maya”, según nos cuenta el sitio web www.chasque.net, o de Merica o la Mérica, habitada por múltiples razas y pueblos venidos de todas partes del globo, como sigue siendo hoy, e incluso por judíos, una creencia que albergo entre cejas y cejas desde mi estadía en París (1963-1965) y que me ha hecho pensar que no fue por capricho o azar que los peninsulares decidieron explorar y conquistar América: ellos iban sin saberlo al encuentro con sus hermanos y parientes de ultramar, un deseo probablemente viejo de 12.000 años porque, como lo descubrió el francés Marcel Homet es realmente asombroso ver la cantidad de nombres y conceptos orientales que pululan por el continente americano. Para concluir, tenemos el nombre de Colombia y Gran Colombia, que para mis adentros deriva de la palabra hebrea o fenicia colom (recuerda a salom, absalom y shalom) y no de la latina columbus, que significa palomo, macho de la paloma. La palabra colom debe ser de extracción oriental, levantisca, semita. Significa: xxxxxx. Concluyo que resulta absurdo pensar que tras la desaparición de la gran Atlántida, unos 12.000 años atrás, ningún europeo, africano o hebreo hubiera sentido curiosidad por averiguar si aún habían tierras más allá del ilimitado horizonte océanico que veían a diario. Todo es energía, luz, vida, anillos de coloración e intimidad a veces invisible e inaudible que se superponen unos a otros desde tiempos inmemoriales, tarde o temprano las almas separadas por las catástrofes, las guerras, las religiones y las epidemias se buscan y reencuentran más allá de las distancias y se entregan unas a otras en la cama, la cocina y el jardín. Dios une lo que el Hombre o la Mujer confunde. Así no más. En el Universo todo es cuestión de aprendizaje, instrucción, escuela, educación, iniciación, despertar, información, comunicación, protocolo, expresión e impresión, amén de palabra, seña, conocimiento, memoria e inspiración, y ultimadamente de armonía y sabiduría, de arte-ciencia-religión-metafísica entrelazadas y combinadas con equilibrio, arte, gracia y habilidad, con el fin de promover, promocionar y producir vida inteligente y noble en un espacio dado, un tiempo específico, una ocasión, y dejar atrás lo más posible porquería, miseria, atraso, tribulación.


Ahora bien el problema, o más bien, la dificultad y la pieza de relojería crucial y clave no consiste tanto en el lenguaje usado, con sus reglas, leyes y determinismos, sino en saber que cualquier lenguaje, cualquier ritual, cualquier metodología es sólo un puente, una herramienta más utilizada para llegar a un fin preescrito y deseado con bastante antelación, como es, por ejemplo, el ritual de cepillarse los dientes todos los días y en especial después de las comidas, o el ritual de evacuar y orinar todos los días, si todavía lo debemos hacer, o el ritual de provocar y hacer niños y niñas si sentimos curiosidad y nos gusta ello. Así que la vida es un ritual que renovamos a diario y, si no nos motivamos y lo hacemos regular y disciplinadamente, con algo de humor también, decae en efectividad, garantía e importancia y eventualmente desaparece. Ya que todo es una frecuencia y la frecuencia es una onda de longitud que se puede modular y calibrar. Un ritual cobra más fuerza y alcance si se regulariza y hace a conciencia con tal que se le piense y se le meta pecho y pasión. A fin de cuentas el ritual es algo que los humanos creamos o recibimos de los Maestros Superiores en un momento dado millones de años atrás (en nuestro planeta) con el objetivo de acceder a la Memoria Cósmica o Memoria-K. Porque ya que todo es cuestión de lenguaje y signos y al volvernos humanos, tener habla y uso de razón e intuición, tener manos y pies, nos dimos cuenta que debíamos intercomunicarnos e interrelacionarnos, es propio de la evolución hallar medios inteligentes para expresar y dejar constancia de nuestra estadía en el Universo y traspasarla a generaciones futuras para que ellas también la mejoren y la civilizen más.


En el fondo no soy tan amigo de los rituales per se. Los reconozco, respeto y considero útiles y además prácticos, a veces son necesarios y obligatorios, pueden salvar vidas y solucionar dilemas y entuertos, y por supuesto me gustan y atraen unos más que otros porque un ritual es más cónsono y vibra más con uno que otro. Es cosa de simpatía o antipatía. Y por nada del mundo encuentro que ellos constituyen la piedra angular, la piedra fundamental o filosofal, la esencia y sal de la vida o la referencia acerca del valor de una persona o sociedad. Porque no son enteramente confiables ya que son humanos quienes los ponen en práctica y por tanto son relativos, irregulares, influenciables, y su ejecución varía según las circunstancias y las épocas. Puede llegar el momento que la repetición monótona y la falta de creatividad y espontaneidad vuelven inoperantes un sistema, un estilo, un ademán, un carácter, un método en particular, y entonces el ritual acostumbrado se torna insípido, mecánico, inoperante, sin sustancia y fundamento, pierde su valor y profundidad, y en consecuencia hace falta cambiarlo por uno nuevo y desconocido para que no siga molestando y termine paralizando el orden natural de las cosas. Hay que entender que cuando un mecanismo o ritual se vuelve automático o semiautomático, se hace de un modo inconsciente, sin pensarse, sin ganas, de un modo superficial y literal, deja de tener validez y sentido, se hace monótono y fastidioso, rígido, poco elástico y espontáneo, y deja de ser simbólico y significativo, real y vivo. Robótico, pues. Entonces debe dejar de hacerse o reemplazarse y reciclarse, para que vuelva la frescura y la rapsodia perdidas, vibre y se cargue el ambiente y haya una o varias respuestas al instante que lleguen al cerebro, lo sacudan y estimulen. El rayo, el relámpago y el trueno deben seguir efectuándose porque de lo contrario ya no hay más teatro y escenografía, se acaba la función y la magia no opera. Esa es la razón porqué incontables sociedades y movimientos mundanos o sacros y religiosos se desmagnetizan, decaen y terminan junto con sus constituciones, mensajes, programas, planes, objetivos, ideales y líderes. Sólo sobrevive lo vivo, chispeante, magnético y emocionante. En el fondo las ideas son como semillas, plantas, árboles, las aguas y los vegetales: si no se riegan y el sol o la luz no los activan, bañan y perfuman, se malogran y deforman y tarde o temprano perecen devorados por la tierra, el aire, el fuego, el agua y el éter. Sólo vive lo que pervive, conmueve, apasiona. Es así y así será siempre arriba como abajo. Inkalana.


Sigue en la próxima entrada

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